Aquella tarde estaba sentado en mi habitación, en ese sillón oscuro de leer que te da tanto miedo. La lluvia en la ventana, El jinete polaco entre mis manos, mis ojos en sus líneas y mi mente en otro mundo de esos que me creo cuando no estoy dentro de mi. Aquella tarde el sinsabor amargo de la esperanza contenida arrancaba de mi lacrimal alguna que otra gota de sangre roja, espesa, salada y cruel. Me escupía en la cara un enano que no acierto a ubicar entre mis sueños y ese pedazo de realidad que se le asemeja. Me cantaba al oído una sirena con la cola plateada.
Aquella tarde entre gota y gota de lluvia golpeando el cristal, entre línea y renglón, entre mis manos y mi sexo, entre tus ojos y mi amor. Aquella tarde tomé conciencia de mi infelicidad sempiterna como manera de expresión real. Aquella tarde se escapó la última posibilidad de vulgaridad....
sábado, 9 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
¿Aquella tarde emprendiste el vuelo? ¿Es eso lo que cuentas? ¿O es todo lo contrario? ¿Aquella tarde te rendiste?
La realidad intenta escupir a la cara, los cantos de sirena hechizan, y las gotas de lluvia repican incesantes entre los sueños y la memoria.
¿Quién hay detrás de este cristal?...
Besos,
Si cierro los ojos puedo ver a una niña, sentada en el portal de la casa de sus abuelos. En su regazo hay un nuevo libro, un nuevo mundo que descubrir, un nuevo amigo que la cuidará todas aquellas tardes de lluvia en las que se va a sentir sola y extraña en el mundo.
Y si abro de nuevo los ojos, veo a esa niña crecida, recorriendo un paseo lleno de libros, y compartiendo cada uno de esos mundos con un pequeño extraterrestre como ella.
PD: Voy a regalarte el mundo de una sirena, una como la copa de un pino.
Publicar un comentario