miércoles, 1 de abril de 2009

El señor L

Eu son o neto do señor L. Acertaba a decir eso cada vez que me requerían identificación, en aquel barrio de camelios y pintores en el que mi abuelo, era de ese tipo de patriarcas que no volverán, en estos tiempos en los que ya no es importante la bondad de la gente para que su lugar social sea el que se merece. Mr L patrullaba las calles del barrio cada mañana, siempre con sus bolsas de plástico que un día me pidió que le llevase a la tumba, y que a escondidas de la señora L siempre dejo al lado de su lápida, entre flores y anhelos que flotan en el aire. Con su cabeza gacha, no por vergüenza, él no supo nunca lo que era eso, si no por el peso de los años, saludaba con un cariño especial a todos los que desde cualquier negocio, esquina o portal acudían a su encuentro para que les infundiese ese permiso para ser felices que les daba con su sonrisa eterna. Siempre, siempre, siempre que recuerdo al señor L, dos lágrimas recorren mi cara, gordas como le gustaban las mujeres y saladas como su carácter, siempre acompañadas de esa sonrisa que el que tiene la suerte de haberle conocido no perderá, siempre con ese sentir que le rodeaba de paz y de cariño, siempre como solicitaba un beso, siempre que llegaba a casa con sorpresa para los suyos. EL 14 de Febrero de 2004 la señora L me dijo: hoxe é o día dos namorados, teu abuelo estaba moi namorado de min. Y otra vez esa tarde me deleité en el recuerdo de mi abuelo mirando a mi abuela en la cocina, con cara de amor, después de 65 años juntos, todavía se adivinaba el deseo del amor puro en sus ojos. La miraba mientras fregaba, la miraba mientras comía, la miraba sin que ella, siempre el recio pilar sobre el que se sustentó todo el dolor de la familia, hiciese nada por evitarlo, por que era ese juego su manifestación eterna de amor adolescente.
La gloria, la vida después de la muerte, el recuerdo y la nostalgia se los ha ganado Mr L a pulso de ser bueno. Por que no era otra cosa, pero lo era tanto que lo sudaba.........

1 comentario:

pequeña extraterrestre dijo...

La gente buena escasea en estos tiempos. Ya ves, con un nivel de vida más cómodo y más sufrible, la bondad de carácter va desapareciendo.

A veces, no somos conscientes de cuanto nos marcan ciertas personas en nuestras vidas. Eso es lo hermoso, pensar que somos un pedacito de esas almas desaparecidas, y que terminamos por ver el mundo con parte de sus miradas. Es el lado bueno de compartir. Seguro que esas dos lágrimas gordas que, en ocasiones, resbalan por tu cara, llevan muchos recuerdos felices, y parte de satisfacción por haber tenido la suerte de compartir un pedacito de vida con una persona de tanta calidad humana.

Como me dijeron una vez:
Nada muere en realidad. Lo que tuvo la suerte de ser, existe.

Y hay cierto Adios que se da con una sonrisa en el rostro...aunque estés llorando. Y aunque sea un Adios para siempre.