miércoles, 11 de febrero de 2009
Hay veces que creo que me libero, que salgo a la calle tranquilo, riéndome de la vida y llorando por lo que hay que llorar. Hay veces que puedo pensar en que las cosas no están hechas para dolerme, y me entiendo perfectamente con mi conciencia. Hay veces que no me acuerdo de la materia putrefacta de que estoy compuesto. Y es entonces, en ese momento en el que siento que me puedo abandonar a la vida, cuando un nudo de alambre de espinas vuelve a mi garganta, un yunque se planta en mi pecho sin dejarme suspirar, un martillo mecánico se vuelve el dueño de mis manos y mis hombros soportan el peso del mundo entero. Me duele el corazón un poco, y no quiero que me duela...
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1 comentario:
Sabes de qué tienes que alegrarte? De poder sentir cada una de esas cosas, de esas emociones. Hay personas que pasan por la vida, en una "felicidad" ficticia, sin experimentar dolor, pero tampoco, sin apreciar el mundo. Son gente gris. Y no olvides que tú eres púrpura.
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