
Ya no es el mismo sentimiento de antes. No sé si me he desacostumbrado o simplemente debo cambiarle el nombre, pero está claro que no es el mismo. Mis manos tiemblan igual, las piernas siguen pareciendo las de otra persona y un ojo no para de temblar mientras el otro descansa. Me despierto en un mar de sudor que la ducha no logra contener hasta en las mañanas mas duras y frías del invierno. Ojalá me dejen compartirlo, aunque sea en la distancia...
2 comentarios:
Compartir suena a generosidad, a dejarse llevar,a volar...
Me has recordado donde tenía mis alas escondidas y olvidadas. Estos días no me separo de ellas ni un minuto. ¿Dónde te apetece volar?
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